SOLUCIONES SENCILLAS PARA PROBLEMAS COMPLEJOS

Existen muchos tipos de miedos, seguramente los más conocidos son algunos como el miedo a volar, el miedo a las arañas, a los espacios llenos de gente, etc.

Sin embargo hay otros miedos más sutiles, menos identificables pero que provocan mayor malestar en el día a día que los anteriores. Desde mi punto de vista serían aquellos miedos que nos dificultan lograr nuestros objetivos.

¿Por qué un joven no puede comenzar a estudiar hasta que no se encuentre en un momento determinado del día, tenga en su mano una serie de herramientas (ciertos rotuladores de determinados colores, ciertos apuntes de determinada persona,…)? ¿Qué sucede cuando un joven evita esforzarse para no tener que presentarse a un examen evitando el posible suspenso?

¿Qué está detrás de una persona que postpone la realización de tareas importantes cargándose de tareas menores, y de ese modo poder afirmar que no las realiza porque está sobrecargado?

¿Qué provoca que alguien se sienta incapaz para romper con un determinado aspecto de su modo de vida (una relación, como educa a un hijo,…)? ¿Por qué una persona no se decide a romper con una relación temiendo las posibles consecuencias en sus hijos, a pesar de que en cualquier momento del desarrollo de los niños va a ser una situación potencialmente estresante?

Seguramente el denominador común a la respuesta de todas estas preguntas sería el temor a enfrentarse a una situación temida, luego un miedo.

No se trata de patologizar una parte importante de las conductas que realizamos, ni de diagnosticar de fóbicos a un alto porcentaje de la población, ya que es público que el miedo es un instinto que ha facilitado la supervivencia de nuestra especie.

Pero sí quizás puede resultar de ayuda detectar un patrón que está detrás de muchas de esas conductas, y que se puede definir como el intento de controlar un acontecimiento temido aplazando su cumplimiento. Este aplazamiento provoca una sensación de bienestar a corto plazo y reduce los niveles de estrés porque ofrece una justificación racional a nuestro comportamiento, pero resulta perjudicial en el medio plazo ya que provoca sensación de incapacidad y dificulta la resolución de problemas, incrementando la sensación de estrés.

A nosotros nos gusta proponer como solución a estas dificultades, llevar a la práctica la idea de “enfréntate y fracasa”.

Al joven le pediríamos que se marque una hora de inicio de estudio, e independientemente de los rotuladores que tenga, de los apuntes que pueda necesitar o del momento del día que se trate, que comience a estudiar. Pero antes debe lanzar un dado, y multiplicar el número que le haya tocado por tiempo de estudio (por ejemplo, si lo considera un 1 sería una hora de estudio) de modo que cada día, en lugar de elucubrar sobre el tema que va a estudiar o sobre si va a hacer resúmenes, esquemas, subrayado, pues tire el dado, y estudie el tiempo exacto que salga.

A aquel que pospone las tareas importantes, le pediríamos que organizase en su agenda un listado de objetivos a lograr semanalmente, y que señalase aquellos que son prioritarios con color rojo, a los importantes en color azul, y a los que podrían quedar perfectamente para otra semana en color negro. Tras ordenarlo de este modo, se trataría de ir evaluando los progresos de la consecución de objetivos en la semana para posteriormente valorar cuáles se consiguen y qué grado de importancia tienen.

A la persona que no se decide sobre si continuar o romper con cierta rutina (relación, estilo educativo, etc.…) le pedimos que reflexione sobre qué sería lo peor que podría pasar en caso de que realizase ese cambio, y que valore si sería asumible, para posteriormente colocar en una balanza por una lado esa consecuencia nefasta de llevar a cabo ese cambio (en el peor de los casos) y por otro qué pasaría si sigue así la situación y si todo continúa igual.

Soluciones sencillas para problemas complejos.

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Acerca de Proceso Psicología

Director de Proceso Psicología
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Una respuesta a SOLUCIONES SENCILLAS PARA PROBLEMAS COMPLEJOS

  1. Lumay dijo:

    Sólo con leer estos artículos sé que son suyos, todavía recuerdo el tiempo que pasé en su consulta, escuchando estas palabras ; Tal vez piense que no han servido de nada, pero no es así, siempre las he tenido muy presentes. Desde la última vez que nos vimos mi vida ha cambia-do. Mi actual psicóloga me compara con el Ave Fénix. Hace poco he tenido que tomar varias decisiones muy importantes en mi vida, y lo he hecho pensando en el consejo que usted me habría dado.Reconozco que es uno de los mejores psicólogos, pero tiene que reconocer que incluso usted a veces se equivoca.

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