Simplemente escuchar

En múltiples ocasiones he llegado a preguntarme ¿Cómo debo comunicarme con un adolescente? ¿Cómo romper la distancia? ¿De qué modo puedo llegar a él? Desgraciadamente, la conclusión a la que he llegado es que con los adolescentes -al igual que con cualquier ser humano- no existen recetas mágicas. Cada joven es un individuo con unas características particulares, y que se relaciona en un entorno social y familiar único, que es creado por el propio adolescente, pero que a su vez también modela su conducta. Sin embargo, desde la intervención social, se está extendiendo una tendencia con amplio recorrido que aboga por un interés sincero y genuino por sus gustos, sus aficiones, queriendo conocer con qué disfrutan, a qué se dedican, sin más pretensión que llegar a conocer un mundo generalmente ignorado para los no adolescentes, y que puede llegar a sorprendernos. ¿Cómo hacerlo cuando se cierran en banda y no permiten acercarse bajo ningún pretexto? En ocasiones, no lo hacemos en buen momento, ni en las circunstancias adecuadas, y sobre todo nos empeñamos en no escuchar. Ellos tienen cosas que contarnos, y muchas de ellas son positivas, pero estamos acostumbrados a centrar nuestra atención en aquellos aspectos deficitarios y problemáticos de su desarrollo, perdiendo una perspectiva global. Escuchar también significa prestar atención a las señales no verbales, en ocasiones necesitan distancia, soledad o tiempo. Es bueno entenderlo y aceptarlo, si no lo respetamos, corremos el riesgo de entrar en una dinámica en la cual se entorpezca cada vez más la comunicación. Cuanto más tiempo paso con adolescentes mejor percibo que ese período evolutivo no es tan diferente a otros, y que quizás ciertas etiquetas que lo caracterizan (inmadurez, inestabilidad, gregarismo, no aceptación de normas, irritabilidad) están presentes en altas dosis en otras etapas del desarrollo humano, y por otra parte poseen características (creatividad, ilusión, energía, optimismo, cohesión grupal, ruptura con lo antiguo) que pasan desapercibidas. Tal como afirmaba Campoamor, «en este mundo traidor, nada es verdad o mentira, todo depende del color, del cristal con que se mira».jc3b3venes-adolescentes1

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Director de Proceso Psicología
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